19 may. 2016

Tridimensionalidad inmersiva


Leer Nº 272

No hace falta mucho tiempo libre para visitar Kinematope en Espacio Fundación Telefónica, eso sí, hasta mediados de este mayo madrileño. Si Kínêma remite a movimiento (véase cinema, cinética, cinegética, etc.) como topos, ya se sabe, a lugar, la forma compuesta que Pablo Valbuena acuña lo hace a su intervención, sobre todo lumínica, de espacios concretos como el que nos ocupa. Lo que hace este performer madrileño del 78 es transformar elementos arquitectónicos preexistentes mediante un uso no demasiado rebuscado de la luz. A tal efecto, Valbuena prescinde de los revestimientos que cubren todo lo que normalmente no vemos de un interior dado, y utiliza lo que queda para reiluminarlo de un modo, cuanto menos, inhabitual. Y sí, Kínêma remite especialmente al cine porque este creador, que conoce ese ramo y el muy correlativo de los videojuegos, pretende superar su bidimensionalidad en aras de una tridimensionalidad inmersiva. Lo cierto es que lo consigue.

Valbuena deja la entraña arquitectónica vista, visible en el techo tras una malla metálica. Sobre nuestras cabezas se extiende lo que parece un enorme circuito. Cables, tubos, conductos; venas y arterias que la piel intercambiable del interior del edificio suele ocultar, se nos revelan en sí mismas y en tanto proyectadas sobre la sala vacía. Una estructura de luces LED ilumina cenitalmente todo ese sistema linfático, como alguien ha escrito, y genera el juego de luz y sombras que reconfigura el espacio. El resultado de la intervención en el histórico edificio de Telefónica recuerda un poco al interior de una astronave de película sci-fi de finales de los ochenta o los noventa, como Aliens o Event Horizon. El sonido de flujo eléctrico que se oye, alto y continuo durante toda la visita, incrementa sin duda esta sensación espacial. No en vano, dicho sondidito es significativamente parecido al que se oye en el interior de los aviones antes de despegar, y en el que solo reparamos verdaderamente cuando la espera se hace demasiado tediosa.

Lo que ocurre con Kinematope, que no deja de sonar a Cinemascope, es justamente lo contrario a lo que pasa con esas exposiciones tan cuantitativamente ambiciosas que acaban con uno por exceso de contenido. Queda claro que la sala deja de ser contenedor, que nos introducimos en la obra misma, que el espacio real coincide con un espacio virtual generado por el artista, conviviendo "dos capas de significado aparentemente contrarias en un mismo espacio vacío: la permanencia y la solidez de la arquitectura con lo efímero y etéreo de la luz, lo material con lo inmaterial...". El extracto del políptico promocional continúa con unos pocos juegos de opuestos más, pero decíamos que la intervención de Valbuena quizá sea demasiado express, en el sentido de que no haya tanto que ver o de que se vea demasiado rápido. Puede que el artista confie demasiado en el espacio mental del observador, o que la carga teórica y conceptual de la propuesta no termine de provocar el milagro perceptivo que sugiere. En verdad que se entra en un espacio resignificado y superpuesto con el real, que se consigue esa tridimensionalidad misteriosa, pero, por así decir, la ilusión se agota en un par de vueltas completas a la penumbrosa sala.

La instalación, que no deja de ser un trompe l´oeil del siglo veintiuno, y que tiene algo de estética discotequera (añadámosla a las ya sugeridas del cine alien noventero y del mundo de los videojuegos) recuerda insistentemente a una de las intervenciones de Lozano-Hemmer en Abstracción Biométrica (Espacio Fundación Telefónica, 2014). Se trata concretamente de Almacén de Corazonadas; una obra en la que la luz y la diafanidad jugaban también papeles fundamentales, aunque al servicio de un relato distinto. Con todo, parece que haya un sustrato común a Valbuena y al mexicano; algo que no significaría mucho de no ser porque parece -a su vez- más relacionado con los medios de producción que con la producción en sí. Quizá exista el riesgo de una codificación demasiado asfixiante; demasiado determinada por el uso de luces de diodo, lámparas de tungsteno y otros elementos a incorporar en una panoplia mucho más limitada de lo que se cree. Kinematope... muy recomendable en cualquier caso.