22 dic. 2015

Bestias de playa


Leer Nº 268

Que Theo Jansen (Scheveningen, 1948), artista con formación de físico, sea una especie de Da Vinci contemporáneo, explica en buena parte la expectación que Asombrosas criaturas viene generando. En Espacio Fundación Telefónica desde el pasado 23 de octubre, su obra nos empuja hacia ese sustrato mítico universal en el que Ícaro intenta volar cuidándose del sol, en el que el doctor Frankenstein despliega su prometeísmo, o en el que -y este parece el caso- un científico heterodoxo decide crear seres tecnológicos autónomos y hasta sujetos a un cuadro evolutivo propio. Claro que el anuncio de BMW de 2007, como ocurriera con La Catedral de Justo (Mejorada del Campo, 1961) en un anuncio de Aquarius de 2005, ha puesto sin duda a Jansen al alcance del gran público.

Strandbeest es el nombre genérico con el que este holandés a bautizado a sus creaciones, todas ellas dotadas de nombres latinos, e inscritas en periodos de idéntica resonancia. Son esculturas cinéticas de aspecto animal, sofisticadas y rudimentarias al tiempo, y construidas con tubos plásticos, bridas, cordeles, cintas de embalar y otros materiales pobres. Animaris Rhinoceros Lignatus (1997-2001) es la excepción que confirma la regla: más pesada y de apariencia más estática, Animaris presenta el aspecto de un cigueñal gigante construido con cajas de madera. No en vano, pertenece al que se describe como el único periodo experimental de Jansen; el quinto o Lignatum, según la clasificación propuesta por el artista.

Las criaturas, ciertamente asombrosas, ganan más vistas en video o a cierta distancia que desde cerca. Sin embargo, la disparidad de sus juntas y ensamblajes varía según su pertenencia a una u otra etapa "evolutiva", dando una idea de progreso técnico, y tal vez sugiriendo que las bestias avanzan hacia sucesivos estadios de perfeccionamiento. Fósiles y móviles, suspendidas en el aire, tumbadas o en plena demostración cinética, las osamentas plásticas de Jansen susurran una utopía sensacional de seres benignos creados por y para el hombre; seres a la vez útiles y gráciles, recortados sobre cielos tormentosos y atardeceres friedrichianos en playas nórdicas. En conjunto, podría decirse que componen una imagen utópica y distópica al tiempo; como ilustrativa de una categoría híbrida de las anteriores.

Parece que nada de esto se articularía debidamente sin una buena argamasa de ficción, que logre, por ejemplo, que todos esos latinajos que Theo reparte no parezcan demasiado arbitrarios. Y entra aquí la idea de "un mar que no hace más que subir y que "amenaza con hacer retroceder los límites de nuestra tierra hasta donde estuvieron en el medievo". Las criaturas, de ser funcionales, se aliarían con el medio para frenar el insalvable avance del piélago, a partir de ciertas labores bastante enrevesadas con las dunas y la arena. Por fortuna, la viablilidad de los planes de Jansen no tiene por que tener jurisdicción alguna más allá de su universo creador. Por desgracia, hará falta mucho más que un parque de bichos plásticos y huesudos para hacer frente a los desbarajustes con los que, previsiblemente, la Tierra responderá a nuestra desmesura civilizada.

Theo, no obstante, ha ido enterrando con los años ese sueño conservacionista mentado, y muy en consonancia con la ideología desplegada en The Great Pretender; libro de traducción y edición española prometedora, aunque no se sabe si esperada. Por ahora podemos conformarnos con una exposición fascinante y tan inspiradora como El relojero ciego (Richard Dawkins, 1986; autor de El gen egoísta, para más pistas) fue para su protagonista. Es cierto que el atípico físico asombra en un tiempo de insoportable vacuidad, muy a pesar de que un puñado de tubos de origen petrolífero, por bien ensamblados que se presenten, serán siempre una afrenta a la Naturaleza, y en ningún caso un fósil que pueda hablarnos de nuestros orígenes. Todo lo más, nos hablará de nuestra insensata deriva hacia quien sabe dónde. Theo Jansen. Asombrosas Criaturas, hasta el 17 de enero en Fuencarral 3. Tercera planta.