12 ago. 2015

Un héroe de Hydrocal


Leer Nº 262

En los manuales de museología es habitual encontrar, en la sección pertinente, una definición de vandalismo como la acción voluntaria, individual o grupal, que destruye total o parcialmente un bien cultural. Tales libros no suelen contemplar un eventual vandalismo creador: la modificación artística del sentido simbólico de un monumento como el pilar pétreo de Fort Greene; un nuevo tipo de «destrucción» monumental por erección de prolongación estatuaria (en este caso, el busto a lo procer romano de Edward Snowden). Ha sido un grupo de "guerrilleros artísticos" anónimos y neoyorkinos y la prensa internacional les ha dado la coba justa. La intervención, afortunada y parece que intencionadamente reversible, ha sido más bien pasto de blogs, redes sociales y medios locales como Animal New York, que ha seguido el proceso de principio a fin.

El pilar de Fort Greene Park (Brooklyn) recuerda a víctimas estadounidenses de la Guerra de Independencia; concretamente, a los revolucionarios que murieron en los barcos prisión británicos atracados en el célebre barrio neoyorkino durante la contienda. Los instaladores del efímero busto de Hydrocal -material apto para la imitación del típico bronce patinado de las esculturas urbanas- ven en la figura del ex-analista a un héroe continuador de la saga de martires. Sea como fuere, los empleados municipales cubrieron la efigie del refugiado en Rusia en cuanto se supo de ella: la cubrieron en el ínterin mediado entre descubrimiento y desmantelamiento como si se tratase de un cadáver, otorgando -como casi siempre, torpemente- más valor al símbolo velado que el que la chiquillada artística, a priori, pueda en realidad tener. Luego llegaron ciertos The Illuminators con la secuela.

Esta segunda partida de artistas de guerrilla generó un holograma azulado de Snowden durante 20 minutos, justo sobre el lugar en el que la primera había levantado el busto fake. Lo hicieron con proyectores y una nube de ceniza, consiguiendo un inquietante efecto fantasmagórico a lo Albert Speer. El New York Times relaciona a The Illuminators con Occupy Wall Street y una intervención anterior en el Met, que incluyó arrestos y confiscación de proyector, y que delata un autoritarismo realmente paranoico en la Tierra de la Libertad y las oportunidades; quizá el propio de un Occidente que va polarizándose cada vez menos lentamente, a pesar de que el con nosotros-contra nosotros sea, probablemente, tan viejo como esa proverbial profesión más antigua del mundo.

La Historia esta llena de zonas que la luz del sol tardará mucho en bañar. Demasiado llena de Maines y Marinus van der Lubbes como para heroificaciones como la que nos ocupa. Conrad y Auster, con sus respectivos El agente secreto y Leviatán, han recorrido literariamente algunas de esas regiones oscuras, poniendo en evidencia la célebre cantinela -hoy felizmente desaparecida- de Sáenz de Buruaga cerrando su informativo: aquel cínico "así son las cosas y así se las hemos contado". No, las cosas no son así ni asa, y quizá no haya más remedio que acudir a la Filosofía de la Historia o, mejor aún, encomendarse a la Virgen (a ser posible con el espíritu crítico integro). Y es que Snowden probablemente sea héroe y traidor al tiempo, del mismo modo que los martires de aquella vieja guerra son tan predecesores del retratado en su inferida lucha por la libertad, como de quienes quiera que fundasen las agencias para las que trabajara.

Así las cosas, quizá quepa preguntarse si el aspecto verdaderamente revolucionario del Guerrilla Art no empieza justamente donde termina la contrapropaganda. Quizá se encuentre en las pequeñas resignificaciones autónomas e ilegales, naturalmente, del espacio urbano y Tina Turner tuviese razón en su We Don´t Need Another Hero. Nos van sobrando los héroes, incluidos los de Hydrocal, y nos va faltando el aire y el espacio en un mundo cada vez más claustrofóbico. Reinventar la ciudad por reinventarla -o por cuestionar la materialización de ese orden sin rostro que pretende robarnos la vida en forma de datos- puede ser una buena alternativa al viejo juego: la de desobedecer creativamente más allá de las militancias, si no es la simple y llana de disentir con el mundo que viene.